¿Para qué sirve poner límites?

Autor: José Manuel Guzmán Godos
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Una de las noticias más dramáticas se dio a conocer hace pocas semanas cuando en España, ocurrió uno de los accidentes ferroviarios más terribles de que se tenga memoria en ese país.

Un tren de pasajeros volcó cuando tomó una curva excediendo su límite de velocidad. Según arrojó la investigación el maquinista debió tomar la peligrosa curva a 80 kms por hora y la tomó a ¡180!

El resultado fue más de 70 muertos y un sinnúmero de heridos así como muchos millones de Euros por la destrucción del tren, parte de las vías y daños en los alrededores.

Poco después, al inspeccionar a oreos conductores, se comprobó que van usando sus twitters mientras conducen, van durmiendo en sus puestos o van drogados o ebrios mientras trabajan.

En cuanto al conductor, quien a la hora de escribir este artículo, se encontraba en libertad, es muy posible que reciba una sentencia de muchos años por las pérdidas y/o quede inhabilitado para volver a conducir otro tren.

Parece que aún no hemos aprendido como humanidad a respetar los límites, ni a considerar las consecuencias de no respetarlos.

Al hablar de organización humana, los grandes líderes del pasado y del presente, se percataron de que el ser humano necesita guía, límites y autoridad para poder convivir, trabajar, educarse realizarse y ser feliz.

Cada país es regulado por una Constitución Política, para que se sepa comportar en civilidad, requiere de un Libro Sagrado, para que sepa conducirse espiritualmente, necesita reglas y reglamentos para comportarse en el trabajo, necesita de normas y reglas para entrar en cualquier grupo organizado ya sea social y/o educativo, Todos esos libros- guía contemplan también una larga serie de sanciones si no es respetado a la letra o si, como se estila en varios ambientes, no alcanzamos a comprender y aplicar los comportamientos de las leyes NO ESCRITAS. Todo se limita a no traspasar LOS LÍMITES de los consensos y los acuerdos establecidos.

En el metro, al llegar al andén, encontramos una línea amarilla que nos impide avanzar más y tal vez arriesgar nuestras vidas.

Al manejar hay un semáforo que nos indica cuándo detenernos por medio de una luz roja.

Lo delgado u obeso de nuestro cuerpo, nos indica su límite. Por eso hay puertas y ventanas en las habitaciones, y rejas, y bardas, y fronteras.

A los humanos nos agrada traspasar esas fronteras… se vale, aunque hay que acatar lo que decía Saulo de Tarso: “TODO OS ES LÍCITO, MÁS DE LAS CONSECUENCIAS, VOSOTROS SOIS RESPONSABLES”

En función a la educación o a las relaciones afectivas, poner límites y respetarlos es una prioridad y también una muestra de AMOR. Si no se ponen y se respetan, la resultante puede ser que nos ocurra que inconscientemente nos creamos con todos los derechos o con toda la inconsciencia de proceder como el conductor del tren en España.

La mayoría de los conflictos humanos es por falta de comunicación y por rebasar límites.
“Te pasas”, Le pegué porque se pasó de lanza” (en términos coloquiales), indica la desaprobación que le tenemos a los que no respetan los límites. Lo mismo ocurre con los que tiran basura en la calle, los que no son capaces de ponerse un límite para beber o mostrar violencia.

Sí estimados lectores, este es un tema serio y delicado al que hay que poner mucha atención.

El adulto berrinchudo, abusivo, golpeador, irresponsable, iracundo, vicioso, etc. se volvió así porque no tuvo contacto con la disciplina de respetar los LÍMITES y su inconsciencia y permisividad los rebasó.

¿Valdrá la pena el precio por la adrenalina y sentir el placer de “brincarse las trancas”? o, ¿combinadito? O totalmente ¿obediente? La decisión es enteramente suya.

Saludos Cordiales

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