Los loqueros y sus Pacientes

Autor: José Manuel Guzmán Godos
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¿Ir al psicólogo yo? ¡Pues ni que estuviera LOCO! ¡Yo no necesito un LOQUERO!.. Así se expresa la mayoría de la gente cuando se le sugiere, al observar su conducta o sus problemas emocionales, que se atienda con un psicólogo, terapeuta o tome terapia de algún tipo.

Parece mentira que a más de un siglo de ser considerada como ciencia que estudia la conducta, producto de la instalación de un laboratorio clínico para tal efecto, de parte del Dr. Wilhelm Wundt en Alemania, la psicología siga siendo tan malentendida como método curativo.

El simple hecho de llamar “loquero” al psicólogo, nos habla de que el concepto que tiene la población en general, sobre el terapeuta es erróneo. En primer término, es muy difícil para los especialistas diagnosticar un estado de locura. Este término, se asociaba con personas que tenían trastornos con su comportamiento, a los que mostraban emociones incontrolables o extrañas y aún a aquellos que tenían estados de conciencia distintos al común de las personas, tales como los santos, los místicos, los inventores, los filósofos, los genios que normalmente no se comportan como las masas y a los cuales con sus “locuras” les debemos mucho de nuestro avance y confort que disfrutamos actualmente.

¿Quien debería ser paciente de un “loquero” (como cariñosa o despectivamente se les llama)? ¿Qué tipo de condiciones atienden? ¿Cómo trabajan los psicólogos?

Contestemos a estas tres preguntas básicas:

Las personas que tomen terapia deberán ser aquellas que abran su mente y no consideren que van al loquero, sino a ver a un especialista en el manejo de emociones y manejo de hábitos, que comprende cómo se manejan y modifican las conductas. Luego deberán estar pasando básicamente por alguna de estas circunstancias que individualmente no pudieran manejar y les causara grandes trastornos para su convivencia diaria y sus quehaceres cotidianos y que a continuación se señalan.

  • Que tenga, por hábito, malas relaciones de interpersonales en general y/o de pareja.
  • Que se muestre enojado constantemente con él mismo, con la vida, y con los demás.
  • Que no supere alguna pérdida y prosiga con dolor y no supere su duelo, ya sea pérdida de relaciones afectivas, personas, oportunidades, negocios o cosas materiales.
  • Que por más que lo intente se sienta estancado en todo lo que emprenda.
  • Que aunque sea exitoso y próspero, no tenga satisfacción por eso y se encuentre con que su vida no tiene sentido.

Hay algunas otras causas, pero éstas se encuentran entre las más recurrentes. ¿Identificas alguna de ellas en tu vida actual?

Otras condiciones que atiende el especialista son: depresiones, manías, miedos, celotipias, trastornos del sueño, timidez, fobias, formación de hábitos, manejo de la soledad, problemas de aprendizaje, de lenguaje, dependiendo de su especialidad, etc. en fin todo aquel trastorno que vaya en contra de la armonía y la salud emocional o cognitiva.

La manera como trabaja fundamentalmente el psicólogo es escuchando a su paciente para que le dé información sobre sus sensaciones y sentimientos y le ayuda a descubrir las causas y razones de la raíz de su problemática, le ayuda a que tenga una visión amplia y lógica de su circunstancia y le apoya para que tome decisiones maduras y bien pensadas respecto a sus próximos asuntos.

La duración de una terapia es variable. Normalmente se establecen tres sesiones de evaluación en las cuales se puede llegar a un diagnóstico y se establece después el programa de apoyo. Cada sesión es de 50 min. o una hora a la semana, aunque hay variantes según la gravedad del caso y el método terapéutico. Algunos datos estadísticos indican que entre diez y dieciocho sesiones cumplen ese cometido pero, eso se decide dependiendo de los avances a la solución y de que el “loquero” diga que está su paciente dado de alta.

Desde tiempos antiguos se descubrió que el hablar sobre los problemas que nos aquejan, es el principio de su curación, este sistema se le conoce como catarsis.

El filósofo Esquilo decía: ”La palabra es el médico de la gente enferma” y la Dra. Anabel Ochoa afirmaba: ”Las palabras curan; el silencio, mata”.

De manera que si logramos re-orientar el concepto que tenemos de los médicos de la salud y su trabajo profesional, será ganancia, si este escrito no hace mella en ti y alguna vez requieres servicios de salud emocional o cognitiva, salúdame a tu “LOQUERO”

Saludos cordiales

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